Los
productos transgénicos más habituales son el tomate, la soja y el maíz. En
España se calcula que se cultivan más de 70.000 hectáreas de maíz modificado
genéticamente.
Estos
productos antes de salir al mercado pasan rigurosos exámenes y deben ser aprobados
por diversos organismos. De hecho existe un protocolo internacional
establecido desde la OMS (Organización Mundial de la Salud).
A favor
Los
partidarios de estos productos afirman que estos alimentos serán la solución
para luchar contra las plagas y enfermedades que acaban con las cosechas
y rebaños. Se puede introducir en ellos un gen que los haga inmunes.
Ven
en estos alimentos un medio para terminar contra el hambre, pues se
podrían cultivar especies vegetales en lugares en los que hasta ahora nunca se
pudo. Es posible crear cultivos resistentes a condiciones climatológicas más
extremas.
Las
modificaciones en los genes pueden introducir proteínas en los alimentos
que no tenían, por lo que el aporte nutritivo de los mismos podría
incrementarse de forma notable.
Sus
partidarios los valoran también como un medio para terminar con enfermedades,
pues ya existen algunas plantas que funcionan por ejemplo como vacunas contra
la malaria.
En contra
Las
ONGs y otros sectores se muestran en contra de estos productos porque dicen que
se desconocen las consecuencias reales que tendrán para la salud y para
el Medio Ambiente.
El
hecho de que sean resistentes a ciertos insectos y que les cause la muerte
podría por ejemplo alterar la cadena alimenticia al dejar sin comida a
los animales que se nutrían de tales insectos.
Estas
especies cultivadas a gran escala suponen, según ellos, un peligro para la
biodiversidad, pues las menos rentables corren el riesgo de desaparecer.
Insisten
en las diferencias entre el cruce natural entre especies practicado
desde antiguo por los agricultores y el actual proceso de modificación
genética. El anterior estaba limitado por las barreras de la naturaleza
y con el actual sistema se pueden mezclar incluso genes de plantas y de animales.
Afirman
también que pueden provocar la aparición de nuevas alergias alimenticias.
Cabe también la posibilidad de que inmunicen contra los efectos de ciertos
medicamentos como los antibióticos.
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